Album de la libélula
Es prácticamente imposible resumir el cúmulo de casualidades que dirigen todas nuestras acciones y cómo el azar, en su sinfonía orquestada, produce verdaderos milagros cotidianos que la mayor parte de las veces pasan desapercibidos.
Columna de opinión, Revista ON
Serendipia
Serendipia es el vocablo de moda en el mundo anglosajón, traducible por el nuestro “de chiripa”, que viene a ser algo así como el modo de descubrir cosas sin proponérselo. En este sentido se aplica a los descubrimientos científicos que tuvieron lugar por una mezcla de azar, despiste y casualidad, como por ejemplo, la ya famosa escena en que Arquímedes, al introducirse en la bañera, se da cuenta de que la masa de agua que desplaza es igual al volumen de su cuerpo sumergido.
Lo cierto es que la mayor parte de las cosas que nos ocurren suelen tener lugar tras una cadena de equivocaciones, aciertos inesperados o equilibrios increíbles. Yo una vez perdí un billete de tren sin darme cuenta, tres días después, en la misma estación y mientras esperaba el tren de vuelta, me fijé en un papel pisoteado en el suelo y con huellas de zapatos marcadas en él. Lo recogí con curiosidad. Era mi billete. ¿Cómo podía seguir allí y qué me hizo dirigir la vista hacia él? No lo sé.
Es prácticamente imposible resumir el cúmulo de casualidades que dirigen todas nuestras acciones y cómo el azar, en su sinfonía orquestada, produce verdaderos milagros cotidianos que la mayor parte de las veces pasan desapercibidos. Los hechos verdaderamente trascendentales casi siempre ocurren como producto de la más absurda imprevisión. Uno de los escritores que más ha explorado las complejas redes del azar urbano, Paul Auster, dice a este respecto que “continuamente nos vemos transformados por las fuerzas de las coincidencias.”. Auster registra todas las casualidades en las que se ha visto implicado como método para analizar y comprender la realidad. Cuando sólo tenía catorce años, en una excursión de campo, un rayo de tormenta alcanzó al compañero que le seguía en la fila. ¿Cómo no consagrar una vida literaria al azar, después de haber sido testigo de una intervención tan precisa del mismo?
Cuanto más tiempo permaneces en esta tierra más susceptible eres de formar parte de la red de conexiones imprevisibles que se ofrecen. Las intervenciones súbitas de lo inesperado pueden desbaratar los planes del más precavido y en definitiva, el futuro hace lo que quiere con nosotros para bien o para mal. Aunque el azar no lo explica todo, un buen propósito para el año que comienza sería anotar en un cuaderno todas esas coincidencias que se aparecen a lo largo del día. Así podríamos valorar mejor el delicado equilibrio en que se sustenta todo lo que vemos y como Arquímedes, gritar ¡eureka! cada vez que la casualidad, con su súbita aparición, interviene para modificar radicalmente nuestra historia.