Hotel con sábanas limpias Reportaje de boda
Oct 19

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Ilustración: Michael Sowa

“Que levante la mano aquel de entre nosotros que no haya sentido por lo menos una vez la salvaje llamada del estilo alpino dieciochesco austriaco y movido por un delirante impulso de renovación haya decidido eliminar para siempre de su campo de visión el anticuado y siempre tentador mueble-bar caoba (…)”

Columna de opinión, Revista ON, Diario de Noticias de Navarra, DEIA

Sábado en IKEA

 

Que levante la mano aquel de entre nosotros que no haya sentido por lo menos una vez la salvaje llamada del estilo alpino dieciochesco austriaco y movido por un delirante impulso de renovación haya decidido eliminar para siempre de su campo de visión el anticuado y siempre tentador mueble-bar caoba, entregándose ya sin resistencia a uno de los rituales que pasará para siempre a la posteridad y al coleccionable de generaciones futuras como el American Dream, la invención de la cocacola o las raciones de calamares fritos a cien pesetas, y después de regalar tal o cual tapete de ganchillo, y esa colección de huevos de mármol que exceptuando su uso como arma arrojadiza es uno de los objetos que más dudas existenciales ha producido en los espacios domésticos, se habrá encaminado, libre de ataduras e inspirado para la proeza, hacia el olimpo del way of living, el maremágum de lo kitsch, el súmum del postindustrialismo material, I-K-E-A.

 

Antes de llegar a la sección de tarros para macarrones, usted ya habrá cargado con una colección completa de tiradores y pomos de puerta remachados con diamantes swarovsky, porque aunque en realidad sólo necesitaba un par de botes de cristal, el minimalismo de esas colchas de lana inspirado en la sobriedad de la campiña irlandesa le recuerda lo desfasado que está el estilo de su recibidor, y en un dos por tres puedes cambiar la vieja lámpara que amarillea por una nueva iluminación de ambiente con simulador de alba, además de un juego de mesas camilla, un reposa pies y un set de platos sin esquinas y sin bordes, y llegados a este punto lo de menos es la función, forma o nombre del objeto, lo importante es que nos traslade a esta o aquella o la otra vida, que nos haga sentir como si volviéramos de una cansada jornada de golf o de visitar las plantaciones de café de Papúa Nueva Guinea, para lo cual sería tan perfecto ese juego de té inspirado en los atardeceres africanos, siempre y cuando al pasar a los invitados al living sus paredes empapeladas de azul estuco recuerden la fusión de estilos esquimal y nibelungo y al ofrecer asiento uno pueda disertar sobre la diferencia entre el nudo marinero ártico y antártico.

 

Y en ese frenesí está el juego, en la transformación constante, la reinvención por dentro y por fuera de todos los espacios, empeñados en atascarse de melancolía con el paso de los años, de esa presencia muda pero perversa del reloj de pie y del jarrón chino y del “Recuerdo de Benalmádena”, porque al fin y al cabo los objetos nos miran, nos saben, nos conocen, y es de esa tristeza de algunos paragüeros con telarañas de la que huimos con todo derecho, para volver con un surtido de artículos en piezas que permitan recordar que la vida tiene la misma lógica y sentido que un panfleto de instrucciones de Ikea,  y cuando por fin parece que todo encaja y se mantiene en equilibrio, siempre aparece ese tornillo que nos hace ir a dormir con el mismo estupor y la misma duda con la que empezó la historia de la inteligencia humana, ¿dónde demonios irá enganchada esta arandela?

 

2 Responses to “Sábado en IKEA”

  1. Daniel Aráoz Says:

    Susana, tus palabras dan vida. Al eco de Huidobro, tienen la llave que abre mil puertas…

  2. AnaSana Says:

    Jopelas, tienes más razón que una santa!

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