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Sep 29

imgp19003Abum de la libélula

“El alma es un hotel con sábanas limpias.”

Columna de opinión, Revista ON, DEIA-Diario de Noticias

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                           HOTEL CON SABANAS LIMPIAS

 

La historia de la civilización ha sido interpretada a la luz de innumerables teorías como el acceso a los alimentos, las tensiones de la densidad demografía, las enfermedades y epidemias, y la distribución de los recursos. Muchos han visto en el desvelo personal de algunos hombres insignes por el progreso, la iluminación y la ciencia el gran motor del desarrollo y la modernidad. Pero no es menos cierto que hay un elemento subyacente a todos ellos, anterior al principio del origen, y transversal a todas las culturas y los tiempos, que es el hecho de que el ser humano odia la suciedad, detesta la miseria y huye lo que ha ensuciado como de la peste.

 

El alma es un hotel con sabanas limpias.  Todos los animales se lavan y dedican un tiempo exhaustivo en enjuagarse, ya sea a base de lametazos, mudas de piel, restregamientos y acicalamiento de plumas.   Visto desde esta perspectiva, todo conflicto humano puede reducirse a la cuestión de a quién le toca recoger el polvo acumulado debajo de la alfombra, que suele ser, por lo general, al que está más abajo.

 

Para aquellos que han resuelto el tema de que alguien mire regularmente debajo de su colchón se abre una etapa emocionante: la de dedicarse a pensar mientras otro hace el trabajo sucio. Es entonces cuando la sofisticación de la cultura y el conocimiento hacen aparición. El saber, la lectura y la música, y en general todas las fugas de la conciencia humana, son lugares limpios que no acumulan polvo como las ventanas. Por eso, en determinados ambientes intelectuales no parece adecuado hablar de, por ejemplo, tal o cual marca de detergente, aunque reconozco que cada vez que conozco a un nuevo científico, político o pensador del tipo que sea me asalta la necesidad de preguntarle si utiliza la escoba dos veces por semana o acaso solamente una vez al año, y por muy convincente que parezca su discurso, lo que en realidad ganaría para siempre mi confianza sería saber si friega el suelo cambiando el agua del cubo de la fregona cada vez o por el contrario utiliza la misma una y otra vez.

 

Grandes urbes como la ciudad de Nueva York crecen verticalmente en un espejismo de luces, sueños e ideas, pero también de polvo y basura,  servilletas usadas, ceniceros sucios, cáscaras de fruta, tarrinas vacías de yogur, periódicos usados y marcas de pintalabios en los vasos, en las ventanas de los taxis y en los espejos. La gente duerme sobre la gente, hace huevos fritos sobre los huevos fritos anteriores, coloca los zapatos sobre el piano y todo se estratifica en la gran escalera donde lo nuevo  pasa en cuestión de segundos al escalón de lo usado.

 

Con todo, no es de extrañar que las más grandes revelaciones como la de Arquímedes tuvieran lugar en una bañera, o cuando todo luce con una extraña intensidad enjabonada, ni que uno se sienta capaz de todo después de una ducha torrencial a primera hora del día. Y que los estados de armonía y meditación requieran encender una vela de incienso, así como también se pueda asegurar sin lugar a dudas que no hay visión igual  a la del ser amado saliendo la ducha y pisando sobre baldosas blancas.

 

 

One Response to “Hotel con sábanas limpias”

  1. New York City « Cecilia Molano Says:

    [...] first day I arrived I end up in a conference by Zizeck ( no need to say I am a groupie!) in a very nice place called: Miguel Abreu Gallery. The one at [...]

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