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Ago 23

gato

El destino aguarda detrás de cada esquina con su bomba de confeti apuntando hacia el centro del corazón.

Columna de opinión publicada en la Revista ON, Diario de Noticias-DEIA

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El destino aguarda detrás de cada esquina con su bomba de confeti apuntando hacia el centro del corazón. En uno de esos documentales soporíferos de sobremesa, y mientras una mosca frota sus patitas sobre las pepitas del melón, una voz en off explica, por ejemplo, que el cerebro gasta más de la mitad de la energía corporal en tomar decisiones, y que para evitar este derroche innecesario debemos decidir de forma rápida y sin vacilaciones en las cuestiones que no tienen ninguna trascendencia, como elegir si poner salsa romana en la ensalada o el color de los tiradores de un armario, y sí dedicar reflexiones prolongadas para las decisiones importantes como dónde vivir, con quién casarse y cuándo tener hijos.

 

Una mujer determinada y firme en sus convicciones de dudar todo cuanto esté en su mano, carente de esa característica que tanto alababan los griegos llamada soprhosyne o autocontrol, y que por alguna razón recuerda al nombre del pack de pastillas que guarda en su mesilla, unas para dormir y otras para despertar, mira perpleja el televisor y se alarma ante las conclusiones del estudio, porque efectivamente ella ese tipo de género, del indeciso hasta la hartura, y quizá sea por el derroche de energía que emplea para decidir qué tipo de zapatos combinan bien con su camiseta más cool, que está envejeciendo de un modo visiblemente acelerado. Además el verano en la ciudad pudre a cualquiera en su sano juicio y en cualquier caso, a partir de hoy tomará decisiones sin pensar para sentirse más fresca y lúcida. Por ejemplo, romper con su novio de los últimos diez años y concertar una cita para someterse a una fecundación in vitro con un desconocido donador que encuentra en el facebook. Así es como pone su dedo índice en una villa de extraño nombre “Lamezia” y en apenas dos links descubre una relación insólita entre los frescos del dieciocho de la extraña villa italiana y una secta de inquietante reputación con la que se relaciona el origen de los vocablos croquis y croqueta. Decidida a vivir una experiencia corporal sin precedentes, ansiosa por recordar lo que era el dolor de la felicidad pura producto de las más exquisitas filigranas del azar, prepara las maletas.

 

¡Ah, adiós, vulgares e indecisos transeúntes! Hasta hacía apenas unos segundos desconocía que el resto de su existencia iba a tener que ver con los frescos italianos del dieciocho y el empanado milanés pero sí, resulta que sí, que el destino se puede cambiar así, con una vuelta de tornillo y una voltereta hacia atrás, y con la misma soltura que para robar ciruelas de un árbol la mujer sale a la calle y tropieza con una de esas máquinas de aparcamiento por horas, desparrama la maleta por el suelo y rompe la tira de su sandalia izquierda.  Y así decide que lo más conveniente es tomar un te helado y olvidarse de las villas italianas, porque en el fondo nada se le ha perdido a ella en un sitio tan lejano y porque en el fondo los deseos son como los cronómetros, cuantos más tienes más corres contra ellos, y cuanto más los persigues más deprisa se te escapan.

 

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