May 19

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“Ridículas estupideces que nos vencen, son, a saber: que se friegue el suelo sin haber cambiado el agua del cubo, las esquinas dobladas en las páginas de los libros, la capa de polvo debajo de la cama, las puertas que chirrían, las ventanas que no están bien cerradas y entrechocan una y otra vez, el moho que crece sobre las naranjas. La gente excesivamente simpática también es repugnante, partir el huevo en la sartén y que caiga un trozo de cáscara, caminar con los cordones de los zapatos desatados, los calcetines mojados, los zapatos mojados, los calzoncillos mojados. Clavarse un alfiler en el pie, que a alguien le haga ruido el estómago al tragar, el cuello de la camisa doblado hacia fuera. Los jerseys que pican, la pulpa de la naranja seca sobre el exprimidor, las camisetas ceñidas por encima del ombligo. El chocolate derretido, la arena de playa en la rodaja de sandía.  Los platos sin fregar, encontrar pelos en la almohada, el puré con tropiezos, las sábanas de franela, las perneras del pijama que se enrollan hacia arriba, el exceso de sal en un guiso.”

 

Extracto de “Ridículas derrotas”, columna de opinión publicada en la Revista ON, Diario de Noticias.

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May 17

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Fotografía: Susana Barragués

 

Todos estamos expuestos en mayor o menor medida a la descomposición de nuestra conciencia por un hecho insignificante y fortuito. No necesariamente por una tragedia de grandes dimensiones. Corrijo, debería decir: explotación de la conciencia.

 

Extracto del relato corto “Martes”, inédito.

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May 14

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                                                      Fotografía: André Kertesza

 

“La creación del mundo fue posible porque un tajo dividió la manzana en dos partes: aire y manzana. Del estallido originario se formó lo interno y lo externo, lo perteneciente y lo ajeno. Nunca antes piedra y piedra, cuerpo y cuerpo, hoja y hoja, habían estado divididos. Todo1 era continuo de esencias, todo participaba de todo y formaba parte de todo…”

 

Los amantes que no se dijeron el nombre, próxima edición en la Colección Provincia, León.

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May 08

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                                            Ilustración: El viaje de Chihiro

 

Para saber cómo llega una mujer al instante anterior a un beso

o a cualquier acto real: lavar las manos a un niño, responder al nombre propio

atarse las sandalias

hay que pensar en la secuencia inversa al estallido de un vaso de cristal.

 

Al principio es sólo un polvo de vidrio, apenas perceptible, que flota en la atmósfera.

 

Las trazas de cristal comienzan a vibrar, a atraerse levemente,

agudos pulsos que siguen los círculos concéntricos de un imán.

 

Más allá los cristales de algo parecido a una conciencia, adormilados bajo el polvo

levitan. La aceleración aumenta.

 

Los fragmentos grandes se comprimen, aspirados por succión.

 

Con vértigo final, cada pieza, cada partícula, encaja

y en una inspiración última, potente como una bocanada de vacío,

se forma el vaso.

 

Así, desde una esencia dispersa, una mujer se hace súbitamente compacta

dentro de su nombre

cuando la carnalidad de las cosas, las brutales circunstancias, lo requieren.

 

Después, resquebrajada como cáscara de huevo

vibración previa a la eclosión

bombilla o vaso incandescente

 

estalla de nuevo.

May 04

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Bestiary, Hokusai

 

Qué pasaría si existiera, si después de todo existiera, si existiera una plenitud distinta, fuera de lo posible, fuera de lo que hemos descrito o alcanzado, décima de grado que sube por encima del mundo, qué pasaría si sobre un máximo hubiera otro, y no lo supiéramos, y anduviéramos en esto, moderados, cuerdos, vulgares como bestias, creyendo que así basta, que no hay por qué desear más, que a este abandono, esta apacible inercia, es a lo único que se debe aspirar.

 

Poema incluído en “La campesina fascinada”

May 03

 

art-nature-xenakisdimitri2 Art nature, Xenakis Dimitris

 

Eran unos locos ejemplares: jugaban ordenadamente con los botones y las mecánicas de los relojes, y se relamían los dientes unos a otros para quitarse los tropiezos después la cena, esas pieles de manzana que siempre dañan las encías.

 

Una tarde asistieron a los ejercicios de natación sincronizada del equipo femenino. Los locos aplaudían enfebrecidos, se mordían la lengua, daban alaridos de emoción. “Nos sentíamos desnudos”, confesó más tarde uno de ellos.

 

Al acabar el espectáculo, volvieron a la casa y asesinaron a los peces.

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May 02

ranitachantal

                                                          Fotografía: Gustavo Gutiérrez

 

Si Darwin encontró un parentesco entre los cuerpos vivos y las huellas de los cuerpos fósiles, es posible que todos nuestros miedos y esperanzas también procedan de un origen común.  Por eso no se extrañe si su estado de ánimo le recuerda al de un ornitorrinco solitario. La soledad, como otras transparencias, nació para acompañar a la vida. ¿O fue la vida la que nació para acompañar a la soledad?

 

Extracto de “La soledad de Darwin”, columna de opinión publicada en la Revista ON, DEIA Diario de Noticias de Navarra, Alava y Guipúzcoa.

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