Mar 02

 

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Que alegría ¡ay! Abrazar alguien a quien hace mucho que no tocas, olerle el pelo.

 

Y qué pena, qué tristeza, cuando alguien a quien amas te da la espalda y se va al otro extremo de la cama, y ya no le encuentras el pie.

 

Hay peores torturas en el mundo, pero esa, debería estar

entre las diez primeras. Por el dolor tan agudo que inflige en cuestión de milímetros.

 

Estas cosas que escribo, parecen tonterías.

 

Parece tontería, recordar

 

las piedras ardiendo bajo los pies, el fango fino del río, en el que chispeó, de pronto, una culebra.

 

Cuando caí, desde la bicicleta, al matorral de ortigas, y el veneno me hacía verlo todo del revés.

 

El agua azul sobre la frente en la Isla de Comino, después de una severa insolación. El tacto de las sábanas heladas, cuando el cuerpo quemado por el sol, se introdujo en ellas.

 

Sí, esto es poesía para tontos.

 

Cuando le tiré una pelota de gomaespuma al cerdo, y se la tragó entera, y yo le metí la mano en la boca para sacársela, y le toqué la lengua.

 

El frío a la sombra en la casa de Bodón, las telarañas del desván en la cara, y un tarro, allí, de vaselina para labios, su superficie ondulante, el relieve de las letras doradas.

 

La gente no quiere tener responsabilidad en el infierno de las personas, su filosofía es,

mejor no tocar.

 

Pero ¡oídme! Esto pienso: tenemos un compromiso con la alegría de las criaturas.

 

Sí, sí, lo digo con el dedo en alto.

 

Manolo García,

vas cantando por ahí “te quiero tanto, me tengo que ir”.

 

Y “qué solo estoy, voy hacia casa, nadie me espera”

 

¡Ja!

Feb 02

 

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Ante todo, hay que dejar constancia de la satisfacción que me producía contemplarte. Esto es así, es correcto escribirlo porque es preciso, se ajusta a los hechos.

 

Hay que comprender también que esto no volverá a repetirse y asumir que es posible acostumbrarse.

 

Lo demás (describir el reflejo en tu pupila, el fuego, la asimilación súbita de tu pensamiento) es humillar, reducir a vulgar el lujo que suponía poder mirarte en silencio.

 

Tú no tenías visión sobre ti. Esto supone que la pertenencia de tu imagen me correspondía por entero en esos instantes. Sólo yo sé qué resplandor y sombra tenía tu rostro.

 

Que yo sepa, los relojes, las paredes, todavía no tienen ojos.

 

Yo te veía. Entre mi ojo y el tú contemplado, había una extensión, una concreción palpable, una colección de cosas. Tu señalabas y yo miraba donde se posaba tu vista. Veíamos a un tiempo el mismo objeto, por ejemplo, el trozo de un camión sobre un charco, una pieza de metal que brillaba con extraña intensidad.

 

El pasado sucede de forma rápida. El presente era infinito. Al escribir renuncio para siempre a que estar viéndote siga ocurriendo. Es decir, asumo el hecho de que verte forma parte del pasado.

 

Sólo queda decir que había una satisfacción en contemplarte. Esto es así, es correcto escribirlo porque es preciso, se ajusta a los hechos.

 

No voy a preguntar si ese trozo de metal sigue brillando, o éramos nosotros, la coincidencia de nuestros ojos posados sobre él, los que le hacíamos brillar.

 

 

Dic 20

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“De la ira que produce la soledad nacen actos estúpidos pero verdaderos. Ejemplo, respirar. Ella empieza así: mirar el techo, inflar el diafragma. Inflar inflar inflar. Tanto absorbe que los árboles apuntan sus orejas hacia el nuevo viento, que huele a humano y a dulce como el que avisa de lluvia sin severidad de amenaza.

 

Inspira ella y silba formando una horquilla con el dedo índice y pulgar en la boca. El nítido silbido se parece tanto a la palabra silbido en sí, que recuerda a una explicación sencilla de cómo se comenzó a jugar con los nombres. El silbido suena nítido, fascinante, y ella empieza segregar de nuevo hilo de la risa.

 

El oye el silbido y todo su cuerpo se tensa. ¡Por fin una señal clara y pura! Galopa corriendo.

 

A tí acudo, quieren decir sus ojos expectantes. Acudir a la llamada de alguien amado es un acto concreto, por el que jadear de júbilo y cansancio.

 

Ella está riendo todavía no sabe por qué. Él se satisface, se recrea en el mecanismo de biela-manivela, pistón, cilindro, cigüeñal, en la perfección mecánica de su carrera.

 

- ¡Yo corto las cebollas!, resuelven en voz alta, al unísono.

 

Así es como los amantes recuperan su cuerpo y su silencio.”

 

Poema incluido en el libro “Los amantes que no se dijeron el nombre”, próxima publicación en Colección Provincia, Diputación de León.

Jul 01

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                           Drawing: Michael Sowa

 

All the imperfect things, the twisted tooth, the shoe that socks, the poured milk, the seams, the glove lost, the mulberry that bursts alone, in the middle of emptiness,

 

The dirty paving stones, the dirty pigeon, the dirty bodies, the wire fences, the coincidences, the approximations,

 

The entomology, the body of men inside the water, the telephone line, the red bream, the beige,

 

The meter, the centimetre, the millimetre, the extraordinary, the dialogues, the calculations, the collections of useless things, the yeast, the bulks,

 

The lethargy, the lettuce, the tentative, the insoluble, the desalt of sea water, the scream “let me go!”, the disorder,

 

The vertebras, the verses, the aubergines, the ophthalmologists, the instructions of washing machine, the body of the mother,

 

The days, the pain, the moles, the love, the confusion of love, the mess of love, the tangle, the jumble, what I ask you for and what you give me, the stumble, the obsession about perfection.

 

All the imperfect things or the promise that we will never split up.

Jun 15

 

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                                                 Foto: Gustavo Gutiérrez

 

Los locos nunca miran a los ojos.

Los locos esconden un pensamiento que quema.

Igual que una lupa al sol concentra el calor sobre un punto que arde, sus ojos pueden

abrasar viva tu alma.

Nunca mires a los ojos a aquel que no te los ofrece.

 

Los locos esconden un pensamiento que quema.

Jun 03

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                                                                    Álbum de la libélula

 

 

Todas las cosas imperfectas, el diente torcido, el zapato que cala, la leche que cae, las costuras, el guante perdido, la mora que explota sola antes de tiempo, en mitad del vacío,

 

los adoquines sucios, las palomas sucias, los cuerpos sucios, las alambradas, las coincidencias, las aproximaciones,

 

la entomología, el cuerpo del hombre dentro del agua, los tendidos telefónicos, el besugo, el beige,

 

el metro, el centímetro, el milímetro, lo extraordinario, los decálogos, los cómputos, las colecciones inútiles, la levadura, los bultos,

 

los letargos, las lechugas, las tentativas, lo insoluble, la desalación del agua del mar, el grito ¡suéltame!, el desorden,

 

las vértebras, los versos, las berenjenas, los oculistas, las instrucciones de las lavadoras automáticas, el cuerpo de la madre,

 

los días, el dolor, los lunares, el amor, la confusión del amor, el embrollo del amor, la maraña, el revoltijo, lo que yo te pedía y tu me diste, el tropezón, la obsesión por lo perfecto.

 

Todas las cosas imperfectas o la promesa de no nos separaremos nunca.

 

 

Poema incluído en “La campesina fascinada”

May 14

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                                                      Fotografía: André Kertesza

 

“La creación del mundo fue posible porque un tajo dividió la manzana en dos partes: aire y manzana. Del estallido originario se formó lo interno y lo externo, lo perteneciente y lo ajeno. Nunca antes piedra y piedra, cuerpo y cuerpo, hoja y hoja, habían estado divididos. Todo1 era continuo de esencias, todo participaba de todo y formaba parte de todo…”

 

Los amantes que no se dijeron el nombre, próxima edición en la Colección Provincia, León.

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May 08

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                                            Ilustración: El viaje de Chihiro

 

Para saber cómo llega una mujer al instante anterior a un beso

o a cualquier acto real: lavar las manos a un niño, responder al nombre propio

atarse las sandalias

hay que pensar en la secuencia inversa al estallido de un vaso de cristal.

 

Al principio es sólo un polvo de vidrio, apenas perceptible, que flota en la atmósfera.

 

Las trazas de cristal comienzan a vibrar, a atraerse levemente,

agudos pulsos que siguen los círculos concéntricos de un imán.

 

Más allá los cristales de algo parecido a una conciencia, adormilados bajo el polvo

levitan. La aceleración aumenta.

 

Los fragmentos grandes se comprimen, aspirados por succión.

 

Con vértigo final, cada pieza, cada partícula, encaja

y en una inspiración última, potente como una bocanada de vacío,

se forma el vaso.

 

Así, desde una esencia dispersa, una mujer se hace súbitamente compacta

dentro de su nombre

cuando la carnalidad de las cosas, las brutales circunstancias, lo requieren.

 

Después, resquebrajada como cáscara de huevo

vibración previa a la eclosión

bombilla o vaso incandescente

 

estalla de nuevo.

May 04

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Bestiary, Hokusai

 

Qué pasaría si existiera, si después de todo existiera, si existiera una plenitud distinta, fuera de lo posible, fuera de lo que hemos descrito o alcanzado, décima de grado que sube por encima del mundo, qué pasaría si sobre un máximo hubiera otro, y no lo supiéramos, y anduviéramos en esto, moderados, cuerdos, vulgares como bestias, creyendo que así basta, que no hay por qué desear más, que a este abandono, esta apacible inercia, es a lo único que se debe aspirar.

 

Poema incluído en “La campesina fascinada”

Abr 09

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Fotografía: Diego González Oslé

 

“La felicidad trabaja a modo de engranaje, entre vapores y silbidos, la alegría descarrila.”

 

Inédito