Mar 08

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Se trata de dar rienda suelta al deseo, crear el artificio de que todo es novedad, de que todo está vivo y circula, que la materia sigue movimiento y se transforma, que la tierra se mueve y uno siente que pertenece a esa vorágine, a la fiebre del cambio, ahora estas mallas fosforitas con estampados de Versalles, ahora esta camisa de fuerza con corchetes que sólo se desabrocha con los dientes, ahora este modelito de ropa interior bioluminiscente (…)

Columna de opinión, Revista On, DEIA

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Mar 02

 

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Que alegría ¡ay! Abrazar alguien a quien hace mucho que no tocas, olerle el pelo.

 

Y qué pena, qué tristeza, cuando alguien a quien amas te da la espalda y se va al otro extremo de la cama, y ya no le encuentras el pie.

 

Hay peores torturas en el mundo, pero esa, debería estar

entre las diez primeras. Por el dolor tan agudo que inflige en cuestión de milímetros.

 

Estas cosas que escribo, parecen tonterías.

 

Parece tontería, recordar

 

las piedras ardiendo bajo los pies, el fango fino del río, en el que chispeó, de pronto, una culebra.

 

Cuando caí, desde la bicicleta, al matorral de ortigas, y el veneno me hacía verlo todo del revés.

 

El agua azul sobre la frente en la Isla de Comino, después de una severa insolación. El tacto de las sábanas heladas, cuando el cuerpo quemado por el sol, se introdujo en ellas.

 

Sí, esto es poesía para tontos.

 

Cuando le tiré una pelota de gomaespuma al cerdo, y se la tragó entera, y yo le metí la mano en la boca para sacársela, y le toqué la lengua.

 

El frío a la sombra en la casa de Bodón, las telarañas del desván en la cara, y un tarro, allí, de vaselina para labios, su superficie ondulante, el relieve de las letras doradas.

 

La gente no quiere tener responsabilidad en el infierno de las personas, su filosofía es,

mejor no tocar.

 

Pero ¡oídme! Esto pienso: tenemos un compromiso con la alegría de las criaturas.

 

Sí, sí, lo digo con el dedo en alto.

 

Manolo García,

vas cantando por ahí “te quiero tanto, me tengo que ir”.

 

Y “qué solo estoy, voy hacia casa, nadie me espera”

 

¡Ja!

Feb 23

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Una vez, la abuela se cortó la mano con el filo de un vaso roto.

La hendidura no era, en realidad, más grande que un rasguño.

 

La mano de mi abuela tenía la piel fina, con ella,

tocaba los rostros de las fotografías, se acariciaba los cabellos,

estiradísimos en la frente como cintas de hierba que el viento está a punto de arrancar.

 

Las ciruelas verdes, bajo el agua, tienen la piel tirante como si fueran a estallar.

Las ciruelas secas no reflejan la luz. Se plisan y plaf,

adiós.

 

Sólo fue un pequeño rasguño, pero su piel se resquebrajó en mil facetas, como una capa finísima de caramelo crujiente.

 

La piel se tiñó de una sangre muy roja.

 

Con la aguja de coser, mi madre le dio una puntada grande, de esas que se dan para hilvanar, para hacer la primera prueba de un vestido.

 

Esa tarde, la abuela se durmió al sol.

 

Y sí que brillaba.

 

Feb 06

 

imgp16171  Album de la libélula

Es prácticamente imposible resumir el cúmulo de casualidades que dirigen todas nuestras acciones y cómo el azar, en su sinfonía orquestada, produce verdaderos milagros cotidianos que la mayor parte de las veces pasan desapercibidos.

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Feb 02

 

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Ante todo, hay que dejar constancia de la satisfacción que me producía contemplarte. Esto es así, es correcto escribirlo porque es preciso, se ajusta a los hechos.

 

Hay que comprender también que esto no volverá a repetirse y asumir que es posible acostumbrarse.

 

Lo demás (describir el reflejo en tu pupila, el fuego, la asimilación súbita de tu pensamiento) es humillar, reducir a vulgar el lujo que suponía poder mirarte en silencio.

 

Tú no tenías visión sobre ti. Esto supone que la pertenencia de tu imagen me correspondía por entero en esos instantes. Sólo yo sé qué resplandor y sombra tenía tu rostro.

 

Que yo sepa, los relojes, las paredes, todavía no tienen ojos.

 

Yo te veía. Entre mi ojo y el tú contemplado, había una extensión, una concreción palpable, una colección de cosas. Tu señalabas y yo miraba donde se posaba tu vista. Veíamos a un tiempo el mismo objeto, por ejemplo, el trozo de un camión sobre un charco, una pieza de metal que brillaba con extraña intensidad.

 

El pasado sucede de forma rápida. El presente era infinito. Al escribir renuncio para siempre a que estar viéndote siga ocurriendo. Es decir, asumo el hecho de que verte forma parte del pasado.

 

Sólo queda decir que había una satisfacción en contemplarte. Esto es así, es correcto escribirlo porque es preciso, se ajusta a los hechos.

 

No voy a preguntar si ese trozo de metal sigue brillando, o éramos nosotros, la coincidencia de nuestros ojos posados sobre él, los que le hacíamos brillar.

 

 

Ene 25

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Ella se espolvoreó los verticilios. Su perigonio cristalino estaba recubierto de nucela. Dos sinérgidas flanqueaban la ovocélula. El cormo forzó la plasmogamia, mediante la intermitente relamida del peonzo. Ante la apertura de las tecas, sintió hasta cuatro megásporas, provocando una fuerte neblina del plasmodio. El gladiolo embarrancó, en lo más cítrico de la apomixis. Zoosporas flageladas recorrieron su esclerocio. Así entró en el balido: ¡Talííiiiiia!.

 

Glucum, Glucum, Glucum.

 

Se fecundó la flor.

 

Ene 18

 

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En las cocinas de los pisos compartidos desaparecen los huevos, el pan, el chocolate y muchas veces desaparece también el último inquilino sin dar explicaciones. De un día a otro pasas a compartir la intimidad con un extraño, es decir, tienes que toparte en albornoz y saliendo de la ducha a alguien a quien solo dirías “buenos días” por la calle. También tienes que verle llorar, escuchar sus peleas de trabajo, enamorarse, desenamorarse, enfermar, cantar, quemar las lentejas y abrirle la puerta si olvidó las llaves. Continuar leyendo »

Dic 24

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                                H. Haeckel, Actiniae

 

 

“Tactos purísimos, a saber: la flor plisada dentro de un tratado de botánica, la carta bajo la cama, el vientre del erizo sobre cualquier superficie y el tentáculo del pulpo en la corriente. Los seres más exquisitos al contacto son las serpientes, las tizas, y las dunas, y los lactantes que reconocen un pecho con el simple roce de una de sus pestañas. El tacto más harto de lindezas: el canibalismo de los jerseys de lana alrededor del cuello.”

 

Los amántopos, próxima publicación, Diputación de León

Dic 20

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“De la ira que produce la soledad nacen actos estúpidos pero verdaderos. Ejemplo, respirar. Ella empieza así: mirar el techo, inflar el diafragma. Inflar inflar inflar. Tanto absorbe que los árboles apuntan sus orejas hacia el nuevo viento, que huele a humano y a dulce como el que avisa de lluvia sin severidad de amenaza.

 

Inspira ella y silba formando una horquilla con el dedo índice y pulgar en la boca. El nítido silbido se parece tanto a la palabra silbido en sí, que recuerda a una explicación sencilla de cómo se comenzó a jugar con los nombres. El silbido suena nítido, fascinante, y ella empieza segregar de nuevo hilo de la risa.

 

El oye el silbido y todo su cuerpo se tensa. ¡Por fin una señal clara y pura! Galopa corriendo.

 

A tí acudo, quieren decir sus ojos expectantes. Acudir a la llamada de alguien amado es un acto concreto, por el que jadear de júbilo y cansancio.

 

Ella está riendo todavía no sabe por qué. Él se satisface, se recrea en el mecanismo de biela-manivela, pistón, cilindro, cigüeñal, en la perfección mecánica de su carrera.

 

- ¡Yo corto las cebollas!, resuelven en voz alta, al unísono.

 

Así es como los amantes recuperan su cuerpo y su silencio.”

 

Poema incluido en el libro “Los amantes que no se dijeron el nombre”, próxima publicación en Colección Provincia, Diputación de León.

Dic 13

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Ilustración: Cecilia H. Molano

“No se puede pensar en el cuerpo porque en el instante que se piensa el cuerpo ya se ha transformado en otro cuerpo. Toda intervención intelectual sobre el cuerpo se reduce a un estudio sobre las mudas del cuerpo, a sus huellas, a sus señales, a sus restos de gloria o de naufragio. El diálogo basado en las palabras es una forma de archivística, los pensamientos se hablan como se hablan dos baúles abiertos. Otra cosa es cuando un ojo, por ejemplo, se encuentra con otro ojo y sus cuerpos inician una conversación en el plano puramente físico: chispas, brillos, parpadeos, ahí sí empieza la verdadera comunicación: Buenos días, ¿hoy que te duele?.”

¡Me duele la belleza!, gritó el ojo izquierdo, y cruzó por él un relámpago de lágrima.

 

Inédito, inspirado en la obra de Cecilia H. Molano